19 – 25 febrero

Todo el fin de semana pasado batallé mucho con mi salud mental por lo que el lunes no fui a la oficina del área. Me quedé en casa, acompañé a mi mamá a hacer sus compras, leí las escrituras, hice un poco de ejercicio y por la noche entré a la reunión por Zoom que tuvimos en la misión. Las palabras de la hermana Castañeda me fortalecieron mucho. 

El miércoles por la mañana me sentía mucho mejor, tampoco fui a la oficina porque había quedado con una hermana Marisol de mi barrio que la visitaría. Me desperté con mucho entusiasmo desde temprano e hice varias cosas de comida. Horneé unos muffins de mora azul y los llevé a la hermana que visité. Ella vive con su mamá que tiene Alzheimer, su esposo está trabajando en Guadalajara y su hijo está en BYU en Estados Unidos, esa hermana es consejera de la presidencia de la Soc Soc y es muy activa en la Iglesia, pero he aprendido que a todos a veces le hace falta una visita. Cuando fui a su casa le ayudé a acomodar su cocina, a lavar algunas frutas y verduras y acompañé a su cuidadora para darle de comer a su mamá. 

La hermana Marisol dijo que había terminado de hacer las labores del hogar en la mitad del tiempo con mi ayuda y que esa comida que le había ayudado a hacer se la iba a dar más tarde a las misioneras de enseñanza. La hermana pasó a dejarme a mi casa y aunque yo sentí que hice tareas muy sencillas ella se sentía  muy agradecida. 

Después fui a comer a mi casa y por la tarde visité a otra hermana, la hermana Ruiz, ella también estaba sola porque su esposo se había ido a ayudar con la visita del élder Soares. Cuando llegué a su casa me dijo que le daba mucho miedo manejar sola y me pidió que la compañara a recoger un aparato a un lugar de reparación de electrodomésticos. Le ayudé también a limpiar su coche y a separar frijoles. Igual fueron tareas sencillisimas pero la hermana no dejaba de darme las gracias. Incluso me llevó a mi casa y el domingo me dio una nota de agradecimiento y un chocolate.

El miércoles fui con los misioneros de enseñanza de mi estaca a su consejo de distrito. La hermana Naranjos y Martinez de Anda, de mi barrio, pasaron por mí a mi casa en su Uber desde muy temprano. Ahí me contaron que las dos se van del barrio con los nuevos cambios y que estaban tristes.

Nunca había estado en un consejo de distrito con misioneros de enseñanza pero fui porque de esa capilla saldría la combi a la estaca Camarones y ellas me invitaron a irme desde temprano con ellas para que después yo no tuviera que ir desde mi casa a esa capilla. En el consejo hicieron un juego de Jeopardy con Predicad Mi Evangelio pero yo no he estudiado Predicad Mi Evangelio desde que recibí mi llamamiento de la misión de servicio porque la verdad me pone un poco triste, Así que solamente los vi jugar. Sin embargo me sentí motivada a estudiarlo porque sé que ahora acompañaré más a las misioneras. 

Al llegar a la estaca Camarones me dio mucho gusto conocer al élder Rodriguez y encontrar a la hermana Franco, mi nueva compañera. Mientras esperábamos a que llegara el apóstol estuvimos estudiando las escrituras y me encontré al hermano Alfredo Alcántara que es mi jefe en la oficina de comunicación. Me dijo que se tenía que ir a Puebla pero me encargaba que escribiera un poco sobre la reunión para un artículo en la Sala de Prensa. Yo no pensé que me dejarían esa asignación a última hora, me puse  un poco nerviosa pero acepté. La hermana Franco me ayudó mucho.

Me gustó mucho el mensaje del élder Soares y sobre todo, creo que quiero esforzarme más para sentir gozo, especialmente en estos días en los que he batallado mucho por sentir alegría. 

Al final me dio muchísimo gusto encontrarme con la hermana Cos quien me dio un regalo que el élder y la hna. Castañeda me mandaron el 14 de febrero. En general me dio mucho gusto ver a la misión de servicio porque casi nunca nos vemos y cuando los veo es ver a quienes son como yo.

De regreso tomamos la combi y luego los misioneros me invitaron a cenar con ellos en Costco. Yo solo tomo el smoothie de mango pero me dio gusto acompañarlos y platicar con ellos. Cuando tomamos el Uber nos dimos cuenta que era el mismo conductor que nos había llevado unos días atrás a una cita. Yo lo reconocí en cuanto lo vi porque tiene cabello largo y fue especialmente amable con nosotras la última vez. Se llama Oscar. Nos preguntó por la misión y platicamos un poco con él. Al final le preguntamos que si quería aprender más de la Iglesia y nos sorprendió que dijo que sí. Le pedimos su número. 

Me encariñe especialmente con la hermana Naranjos y Martinez de Anda de mi barrio y ese fue el último día que nos vimos, espero que les vaya bien. Llegué tarde a casa y me quedé trabajando en el artículo del élder Soares hasta muy tarde porque se lo teníamos que enviar a Church News al día siguiente.

El jueves estuve sirviendo en el templo como ayudante de directora de mesa de velo. Es muy agotador pero me gusta mucho, poco a poco estoy aprendiendo los nombres de todas las hermanas y las conozco más. De regreso me dio ride la hermana Hinojosa. 

Llegué a casa a dormir un poco, luego tomé una clase de instituto y me puse a preparar la mía.

El viernes por la mañana di mi clase de instituto a mi alumna Xime y a un nuevo alumno Iñaki. Luego fui al CRIT en donde me asignaron servir en el tanque terapéutico o hidroterapia. También estoy empezando a identificar a niños específicos de quienes estoy aprendiendo sus nombres y algunos papás me identifican a mí. A partir de la próxima semana comenzaré a ser tallerista para los padres en el CRIT, daré tres talleres: lettering, yoga y uñas de gelish. 

Por la tarde fui a terapia e hice un poco de ejercicio. 

El sábado fui a la ceremonia de titulación de maestría de mi hermano César y luego a la celebración de cumpleaños de mi primo Charly que tiene parálisis cerebral. Por la tarde la pasé en mi casa con mi familia jugando juegos de mesa y por la noche hicimos mi actividad favorita ¡Scrapbooking! Saqué mi material e hicimos tarjetas de cumpleaños para Dayane, la esposa del Obispo. 

El domingo fui a la capilla y recibí algo de ropa usada que he estado recaudando para donar (que nos dijo la hermana Castañeda). También conocí a las nuevas misioneras del barrio. Por la tarde la hermana Dayane me invitó a su casa a partir un pastel por su cumpleaños. 

El día de hoy me siento mucho mejor que hace una semana, más fuerte y más feliz.  Agradezco que el Señor me haya escogido para servir una misión de servicio. Sé que Él me cuida y llora conmigo. He podido verlo muchas veces esta semana, en quienes hacen algo amable por mí y en los rostros de las personas a quienes yo tengo el privilegio de servir. 

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