22 – 28 de julio

Esta semana estuve muy ocupada. El lunes fui a la oficina y estuve trabajando en enviar paquetes ¡por fin!. Hice 10 guías de envío. También escribí dos artículos para la sala de prensa. Y por la tarde fui a mi terapia e hice ejercicio. 

El martes continué haciendo trabajo de paquetería y le enseñé a la hermana Berrett cómo hacerlo. Por la tarde hice ejercicio, leí las escrituras y preparé el taller de lettering del viernes. 

El miércoles fui a un p-day de zona con la misión de enseñanza. Fuimos a un lugar llamado Arcos de Sitio, que me sorprendió porque es mucho más bonito de lo que esperaba. Hice algo que nunca pensé que haría: hacer carne asada (tenía que servir de alguna manera ¿no?) pero no me la comí, yo llevaba mis tortas de Tofu. Hicimos senderismo un buen rato, por la tarde incluso nos mojamos hasta con granizo. Me la pasé muy bien. 

El jueves fui al templo y me tocó ser directora de la Sala de Novias pero casi me vuelvo loca porque recibimos 10 hermanas, seis de ellas casi al mismo tiempo y estaba tratando de acomodar los tiempos de todos los involucrados: las hermanas de atención personalizada, las acompañantes, las hermanas que dan la iniciatoria, la hermana López (directora de obreras) y la coordinadora que tiene que escuchar la ordenanza iniciatoria, además de preparar cada detalle para que las hermanas que reciben sus iniciatorias se sientan cómodas y reciban una cálida bienvenida en su día especial.

Después de mi turno volví a casa con la hermana Nessu del Valle de mi Barrio que muy amablemente pagó un uber para las dos (Me suelo regresar con la hermana Hinojosa pero ella está de vacaciones). Al llegar a casa me puse a preparar mi taller de lettering del viernes, quise dibujar mis propias hojas de práctica para los niños. Luego tomé clase de instituto, tenía intención de salir con las hermanas de enseñanza pero me dio un poco de tristeza pensar que era la única alumna en la clase de instituto y no quería defraudar al maestro.Pero sentí algo muy bonito porque el maestro, el hermano Aguilar dijo que desde que yo me inscribí a su clase él se esforzaba más por prepararla. 

El viernes di mi taller de lettering para niños en el Teletón, fue bueno la mayoría del tiempo, pero digamos que la punta de la mayoría de los plumones que compré para el taller están destruidas. Por la tarde tuve una llamada con las misioneras de enseñanza y en la noche fui a la capilla a el Baby Shower de una hermana de mi barrio, la hermana Mónica, ayudé a hacer crepas. Después de esa actividad hubo una noche de hogar de JAS y ahí también estuve. 

El sábado mis amigos de la universidad me invitaron a jugar juegos de mesa y tenía una reunión de consejos estudiantiles de instituto, pero negué ambos planes para ir al templo con la misión de servicio. Me fue muy mal. Me fui en camión porque mis papás no podían llevarme y ambos camiones que tomé se desviaron por rutas que no eran, entonces tuve que caminar mucho, como media hora y no llegué a tiempo para la sesión a la que iba a entrar la misión.

Estaba muy triste y enojada de que no me hubieran esperado, pero también de que sentía que estaba sacrificando toda mi vida personal por la obra misional, incluyendo los planes que tenía ese día y todo para que las cosas en la misión no me salieran bien, así que me puse a llorar en los lockers, pero luego pensé «ya estoy aquí, voy a hacer algo bueno por alguien». Y entonces hice una sesión de investidura, pero para ser honesta seguía muy afectada, tuve que volver a caminar media hora para tomar el metrobus y llegué a mi casa como a las 6:00, no tenía hambre, me sentía «de malas». 

Me fui a mi cuarto y seguí llorando. Mi papá fue a verme y le conté lo que me había pasado. Le dije que estaba muy cansada de sacrificar mi vida personal, que tenía días que no comía bien, que no había podido lavar mi ropa ni limpiar mi cuarto y que menos aún escribir en mi diario y hacer yoga. Le dije que sentía que me estaba abandonando a mí misma, pues hasta en mis p-days siempre estaba ocupada. Él me preguntó si quería dejar la misión y yo inmediatamente, sin pensarlo dos veces, le dije que no. Le dije que lo que quería era descansar. Mi papá me dijo que tomara unas vacaciones y que si alguien preguntaba, que yo les dijera que mi papá me había sugerido tomar un descanso. Después de hablar con él me sentí mejor. Bajé a comer algo porque tampoco había comido nada y mi mamá también me consoló.

Me siento bendecida de que mis papás estén conmigo en la misión, son una bendición. Tal vez mi papá tiene razón, tal vez la diferencia entre los misioneros de servicio y los de enseñanza es que los de servicio tenemos un límite, hay un punto en el que nosotros no podemos más y creo que yo lo exploré ese día. 

El domingo las cosas fueron mucho mejor, mi mamá me pidió que fuera a enseñar a los niños de la Primaria cómo se marcan las escrituras. Yo fui y mi mamá les dijo «Ella es una misionera, miren cómo tiene sus escrituras. Si ustedes las marcan ahora, esas escrituras las podrán tener listas para cuando vayan a la misión». Una linda niña llamada Odette dijo: ¿De verdad algún día podré tener las escrituras como ella?» eso me derritió el corazón. Hice caso a mi papá y el domingo descansé un poco, leí las escrituras con mi familia e hice algo lindo por mí misma que no he hecho desde hace mucho: me hice las uñas de gelish. Creo que en la misión de servicio siempre es difícil encontrar un equilibrio, porque debemos «olvidarnos de nosotros mismos y ponernos a trabajar» pero a veces me cuesta mucho ignorar mi vida personal , puesto que sigo viviendo en la misma casa que antes de la misión y sigo teniendo el mismo cuerpo y mente que necesitan atención.  Trato de ser compasiva conmigo y a la vez trabajar duro. es dificil.

Deja un comentario