Para la chica que era cuando recién recibí mi llamamiento como misionera de servicio

No te he olvidado y por más experiencias bonitas que he vivido no he dejado de honrar tu dolor.

Una de las cosas más difíciles, ahora que has recibido tu llamamiento es que algunas personas son extremadamente positivas, lo que te hace sentir mal por sentirte decepcionada por no poder ser una misionera de enseñanza. Pero quiero decirte que es permitido y normal lo que sientes. Creo que está experiencia nos sigue marcando y nos marcará el resto de nuestra vida.

Sé lo mucho que significa para ti ser una misionera de enseñanza, lo mucho que te has preparado y lo mucho que estabas dispuesta a dar.

Todo en tu mente giraba alrededor de la expectativa de poder salir al campo misional en otro estado o tal vez a otro en país para poder enseñar el arrepentimiento y el bautismo «a todas las naciones» tal y como lo enseñó al Salvador en sus últimas palabras en el Nuevo Testamento.

Y entiendo lo doloroso que es despedirse de esa ilusión, sentir que no eres suficiente, que has sido rechazada por algo que no está en tu control aún cuando has hecho todo lo que estaba en tu control. Y también entiendo tu enojo. Cómo puede el Señor amarte y privarte de la oportunidad de ser una misionera de enseñanza, como todos los demás, sobre todo cuando estabas dispuesta dejar toda tu vida atrás.

Ver a otras personas sirviendo en sus misiones de enseñanza y hablando de sus misiones de enseñanza como si fueran lo mejor del mundo es desalentador para ti. No puedes evitar sentir celos y no puedes evitar pensar que es injusto. ¿No hay misioneros que merecen esto más que tú? ¿con más enfermedad? ¿con más discapacidad? ¿menos dignos? Y que te digan que la misión de servicio es más fácil es lo peor, ¿acaso soy demasiado débil para una misión de proselitismo?

Lamento mucho que hayas tenido que vivir todo esto. A pesar de todo, te admiro. Te admiro porque aceptaste el llamamiento aún cuando fue dificil para ti. Te admiro porque escogiste ir a dónde el Señor te mandó aunque no fuera lo que tú querías.

Con el tiempo, has llegado a comprender que no fuiste rechazada, tú fuiste escogida, incluso antes de nacer, para ser una misionera de servicio. Todas las pruebas que se han puesto en tu camino, incluso tu enfermedad, te prepararon para este destino. Eres una hija especial de Dios.

No hace falta que prediques el arrepentimiento y el bautismo a todas las personas en tierras lejanas, no hace falta que te alejes de toda tu familia, porque aquí estás enseñando a amar con tus acciones, porque estás haciendo una diferencia entre las personas que te rodean como una representante de Jesucristo.

No necesitas una compañera que no conoces para pasar todo el día, sólo necesitas estar más cerca del compañero que ha estado contigo desde los ocho años, el Espíritu Santo. Las personas en tu familia te necesitan, las personas en tu barrio te necesitan, tu perro te necesita, tus amigos te necesitan. Las personas que leen tus artículos en todo México te necesitan, las familias del CRIT te necesitan, los misioneros extranjeros que se quedan en México te necesitan, las obreras y las personas a ambos lados del velo que hacen ordenanzas en el templo te necesitan, pero sobre todas las cosas: tú necesitas esta misión y es por eso que Dios la ha diseñado especialmente para ti.

Las cosas se vuelven más fáciles con el tiempo, algún día dejarás de sentarte sola en el comedor del CCM y dejarás de esconderte para llorar en los baños. Dejarás de dormir sobre una almohada mojada por las noches, dejará de darte miedo ir al templo y dejarás de cometer tantos errores en la oficina de visas. Dejarás de perderte en el camión cuando vayas al CRIT y aprenderás a usar todas esas plataformas de la iglesia. Te prometo que pronto dejarás de sentirte inferior y comprenderás que no lo eres, que todo misionero de tiempo completo, es un misionero de tiempo completo.

Algún dia el dolor de no ser una misionera de enseñanza se ausentará, estarás distraída viendo el concierto del Coro del Tabernáculo o en la sala de sellamientos en el templo; testificando de Cristo en tus clases de instituto o comiendo el lunch con la hermana Frandsen; escribiendo un artículo que te emociona o haciendo bromas con los Searle; hablando con el élder Sanchez o repartiendo regalos en en CRIT; estarás tan concentrada en la obra que olvidarás el dolor de no poder hacer lo que tú pensabas que tenías que hacer.

Reconozco tu valentía y tu humildad al seguir un camino que no era lo que esperabas, pero aprenderás a confiar en los planes que Dios tiene para ti. Tu abuelito Virgis y tu abuelita Michel estarían orgullosos de ti.

Sé que no siempre es cómodo ser una persona especial, pero te admiro por serlo. Muchas personas se verán inspiradas por tu ejemplo y encontrarás el amor en muchos corazones. Estás pasando por un fuego refinador porque Dios te está convirtiendo en la mujer que quiere que seas.

Te mando un fuerte abrazo con la promesa de que has tomado la decisión correcta.

Una respuesta a «Para la chica que era cuando recién recibí mi llamamiento como misionera de servicio»

  1. Es precioso leer que te admiras al mismo tiempo que yo te admiro, eres una persona fuerte y decidida. También admiro mucho que reconozcas y sientas libremente tus emociones. Un abrazo, bella

    Me gusta

Replica a Cons Pérez Cancelar la respuesta